A estas alturas, nadie duda, de que la salida del largo y tortuoso túnel de la crisis va a tener un coste muy elevado para todos los países europeos, especialmente para aquellos cuyo crecimiento futuro a medio y largo plazo no alcancen cuotas superiores al 2,5% del PIB. Se habla de austeridad, de ahorro, de reducción al máximo del gasto público como recetas mágicas para salir del estado de crisis crónica que estamos padeciendo desde el año 2008 (hace ya tres años). Son medidas lógicas ante la situación de desespero en la que vivimos. Aun así, el cáncer de la crisis siempre va por delante de la medicina que le aplicamos, produciendo nuevas metástasis que nos desilusionan y nos deprimen una y otra vez, ante tímidas recuperaciones previas.
De nuevo los mercados marcan una posible recesión de la economía en el primer trimestre del 2012, mientras la medicina de la austeridad y de la reducción de gasto público deben persistir como medida cautelar, pocos lo ponen en duda. Pero ante esta situación perenne de multicrisis (crisis financiera, crisis bancaria, crisis social, crisis laboral, crisis de la deuda soberana) Europa debe ser capaz de generar crecimiento económico. “Cuán difícil nos lo ponéis…” diría cualquier caballero andante de la edad media. Es harto difícil pensar que tomando medidas drásticas de austeridad económica se pueda crecer.
Por tal motivo, la UE teme que el exceso de austeridad ponga en peligro el poco crecimiento que se espera en la zona euro, cuya previsión de crecimiento según las previsiones del pasado mes de septiembre eran del 1,6% del PIB. Dentro de este mundo de contradicciones constantes, todos sabemos en la UE a quién le toca especialmente poner en marcha el motor de la recuperación económica, (está claro que poniendo dinero) pero también es cierto que para tirar del carro de los países con muy alta deuda soberana debe haber garantías suficientes por parte de éstos con los cumplimientos de reducción de gasto y de déficit, máxime cuando las previsiones de crecimiento de Alemania para el próximo año es de desaceleración (1,3% del PIB). Lo que es evidente es que el exceso de austeridad puede ahogar la economía y tener un efecto contrario al esperado.
Ante este maremoto económico, en el que cada día nos aporta sorpresas continuas, los dictados de las agencias calificadoras auguran para los dos próximos trimestres la vuelta a la recesión, es decir, volver a andar lo ya andado aunque esta vez con un peso añadido, llevar a cuestas tres años de crisis profunda. En realidad la situación es más bien desalentadora. Grecia en contracción económica para los cuatro próximos años, Portugal con posible caída del 1,8% de su PIB para el próximo año tras varias caídas previas, Italia con posible crecimiento del 0,3 al 1% de su PIB, España con la tasa de desempleo más alta de la UE y con un crecimiento en torno al 0,6% del PIB para este año y muy poco superior al 1% para el 2012.



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