Leía hace unos días un artículo publicado en el 6 de abril titulado “Aerotrópoli: La ciudad-aeropuerto de la próxima década” que relata cómo el alza del comercio por internet y la creación de nuevos núcleos en países emergentes han forjado un nuevo urbanismo en torno al aeropuerto. Hará también cosa de un mes que publiqué en mi blog una entrada sobre este mismo tema.
El concepto de Aerotrópolis fue ideado por el norteamericano John Kasarda (director del Instituto Kenan de la Universidad de Carolina del Norte) y define a
“una comunidad proyectada en torno a un aeropuerto, muy bien vinculado a otras urbes ubicadas a miles de kilómetros de distancia con las que está perfectamente conectado por las compañías aéreas, existiendo una relación mucho más intensa que con sus vecinos más próximos”.
En este tipo de ciudades, las pistas de aterrizaje no se sitúan en las afueras, tal como ha ocurrido desde el desarrollo de la aviación comercial en Europa. El aeropuerto está en el centro, y en su entorno surgen parques empresariales, centros de convenciones, hoteles, parques. Y, con ellos, restaurantes, cines, museos, centros comerciales, etc. Este cambio urbano, según apunta Kasarda, puede convertirse en una alternativa para descongestionar el centro de las ciudades.
En nuestro entorno más cercano, Schiphol en Amsterdam es un ejemplo destacado de Aerotrópolis, el aeropuerto da trabajo a 58.000 empleados, es además un intercambiador de modos de transporte y tiene un área comercial en el que compran por igual los pasajeros que los habitantes de Amsterdam. De este modo, el aeropuerto se ha convertido en una atracción tan fuerte que incluso cuestan más los alquileres de oficinas allí que en el centro de la ciudad.
Una de las razones por la que Asia está liderando el desarrollo de las Aerotropolis es que sus aeropuertos son más nuevos y recientes que los nuestros y su ubicación en entornos vírgenes o escasamente urbanizados. Por otra parte, los gobiernos asiáticos son conscientes de que toda inversión en nuevas infraestructuras siempre ha favorecido el desarrollo y la competitividad de las economías locales. Loa anteriores factores permiten que los promotores saquen provecho del aeropuerto como agente de crecimiento, polo de atracción para empresas, y modelador de usos del territorio, en particular de actividades estrechamente vinculadas con él.
En el Siglo XXI los aeropuertos serán tan importantes para el crecimiento urbano y el establecimiento de actividades económicas como lo fue en el siglo XX el automóvil, en el siglo XIX el ferrocarril y en el XVIII las vías navegables. El siglo XXI será “el siglo de la aviación” y el “siglo de Asia” donde las Aerotropolis serán habituales y el aeropuerto asociado al desarrollo económico del entorno como resultado de las sinergias creadas. Todo un desafío para ingenieros aeronáuticos y los arquitectos-urbanistas que habrán de trabajar estrechamente para dar a luz proyectos económicamente eficientes, estéticamente agradables y medioambientalmente sostenibles.



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